El Clan del Golfo, la organización de narcotráfico más poderosa de Colombia, sufrió un golpe estructural tras la muerte de su segundo cabecilla, José Gonzalo Sánchez, conocido como alias «Gonzalito». El fallecimiento fue confirmado por el gobierno colombiano tras el naufragio de una lancha en la que el capo se desplazaba por el departamento de Córdoba. Este suceso ocurre en un momento crítico, mientras la agrupación mantiene diálogos de paz con la administración de Gustavo Petro en Catar.
Sánchez era un objetivo prioritario tanto para Colombia como para Estados Unidos, país que lo requería en extradición por tráfico de drogas. En el ámbito local, su historial delictivo incluía cargos por homicidio, extorsión, minería ilegal y desplazamiento forzado. Como número dos del cártel, lideraba una estructura de origen paramilitar que cuenta con aproximadamente 7,000 integrantes y es señalada como la mayor exportadora de cocaína hacia mercados internacionales.
La muerte del cabecilla se suma a la debilidad institucional que enfrenta el grupo desde la extradición de su máximo líder, alias Otoniel, en 2022. Pese a estas bajas, el gobierno colombiano ha buscado una salida negociada al conflicto; sin embargo, las conversaciones en Catar para lograr el desarme del Clan y la pacificación de sus territorios aún no han arrojado resultados concretos en la reducción de la violencia o el tráfico de estupefacientes.
Recientemente, el Clan del Golfo fue designado como organización terrorista por el gobierno estadounidense, lo que intensificó las operaciones militares y de inteligencia en su contra. La desaparición de «Gonzalito» deja un vacío de poder en la cúpula operativa de la organización, en un contexto donde la política de «Paz Total» de Petro enfrenta el desafío de desarticular a los grupos armados ilegales que mantienen el control de rutas estratégicas en el norte del país.
