A medio siglo del golpe de Estado de 1976, una movilización histórica desbordó la Plaza de Mayo en respuesta a los mensajes de «reconciliación» del gobierno nacional. Bajo la consigna «Que digan dónde están», cientos de miles de personas exigieron romper el pacto de silencio de los genocidas para hallar a los desaparecidos y a los 300 nietos que aún faltan.
El acto central, encabezado por referentes como Estela de Carlotto, Taty Almeida y Adolfo Pérez Esquivel, denunció el desmantelamiento de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia.
El documento conjunto trazó un paralelismo directo entre el plan económico actual de Javier Milei y el impuesto durante la dictadura, señalando que ambos buscan la desindustrialización y la valorización financiera. Según los organismos, las reformas laboral y previsional pretenden maximizar ganancias empresariales mediante el retroceso de derechos históricos que solo pueden imponerse mediante la represión y el protocolo antiprotestas.
Contra el negacionismo y por la identidad
Las organizaciones alertaron sobre el negacionismo de Estado, criticando el desfinanciamiento de los espacios de memoria y la intervención del Banco Nacional de Datos Genéticos. Se subrayó que, de los investigados por crímenes de lesa humanidad, más del 80% goza de arresto domiciliario, mientras que apenas 18 permanecen en cárceles comunes.
La jornada cerró con un clamor por la vigencia de los sueños de los 30.000 detenidos-desaparecidos, reafirmando el compromiso de las nuevas generaciones con la búsqueda de identidad.
