Ucrania ha conmemorado este jueves su cuarta Navidad sumergida en el conflicto bélico, una jornada marcada por la persistencia de los bombardeos rusos y una profunda incertidumbre sobre el plan de paz de 20 puntos propuesto por Kiev y Washington.
A pesar de los intentos de la población por rescatar el espíritu festivo en ciudades como Leópolis, la crisis energética provocada por los ataques a la infraestructura y las gélidas temperaturas de hasta 11 grados bajo cero han empañado las celebraciones, mientras las familias de soldados y prisioneros exigen el regreso de sus seres queridos como única condición para una paz verdadera.
Festividades bajo el asedio energético
La ofensiva rusa contra el sistema eléctrico nacional no dio tregua durante la Nochebuena ni el día de Navidad, afectando severamente la calefacción en ciudades estratégicas como Járkov. En esta localidad del noreste, los ataques dejaron un saldo de un fallecido y 15 heridos, complicando la supervivencia en medio de un invierno crudo.
En el oeste, aunque las calles de Leópolis mostraron cierta actividad comercial y presencia de militares de permiso, el ambiente general fue de sobriedad y resistencia ante la falta de suministros básicos que ha «amortiguado el brillo» de las festividades tradicionales.
Para miles de ucranianos, la Navidad se ha convertido en un acto de resistencia civil más que en una celebración religiosa. Katerina Bushtruk, una artista de Zaporiyia cuyo esposo y padre combaten en el frente, describe la decoración de su hogar como un gesto de desafío: «nos quieren asustados y deprimidos», afirma, mientras reconoce la dificultad de sentir alegría con sus familiares ausentes.
Esta narrativa se repite en los altares improvisados y árboles de Navidad decorados con lazos que llevan los nombres de los prisioneros de guerra, bajo consignas que recuerdan que la verdadera celebración solo ocurrirá cuando todos regresen a casa.
Escepticismo ante el nuevo plan de paz
El trasfondo político de esta jornada festiva es el reciente plan de 20 puntos presentado por el presidente Volodímir Zelenski, fruto de negociaciones con Estados Unidos. Aunque la propuesta busca el retorno de todos los cautivos y el fin de las hostilidades, el escepticismo impera entre la ciudadanía. Muchos ucranianos, como Bushtruk y Olga Spodar —quien pasó el día junto a la tumba de su hijo caído—, dudan de la voluntad de cumplimiento de Moscú.
Existe un temor generalizado de que cualquier concesión territorial o acuerdo diplomático sea utilizado por el Kremlin para rearmarse, considerando que la única garantía de paz duradera es la victoria militar en el campo de batalla.
Homenaje a los caídos y futuro del conflicto
En los cementerios militares, la Navidad se vivió con «villancicos de duelo» y tumbas decoradas con juguetes y dulces, un recordatorio del costo humano que Ucrania está pagando.
La postura de la sociedad civil parece alinearse en la desconfianza hacia las «garantías vagas» y la convicción de que la independencia del país depende de la fortaleza de su ejército y el apoyo de sus aliados.
Para muchos, como expresó Spodar, no habrá paz hasta que Rusia se vea obligada a detener su agresión, rechazando cualquier salida que comprometa el futuro de las próximas generaciones.
