La presidenta de Honduras, Xiomara Castro, oficializó el inicio del proceso de transición y traspaso de mando hacia la administración del mandatario electo, Nasry «Tito» Asfura.
Durante la ceremonia por el 144 aniversario de la Policía Nacional, Castro emitió un discurso crítico en el que denunció un supuesto desconocimiento del voto popular, asegurando que su decisión de entregar el poder no implica silenciar las irregularidades que, según su postura, marcaron la jornada electoral.
La mandataria sostuvo que el proceso electoral se vio afectado por injerencia extranjera y fallas críticas en el sistema de transmisión de resultados. Castro cuestionó duramente la resolución de la Sala de lo Constitucional, la cual otorgó un amparo que suspende las investigaciones de la Fiscalía sobre presuntos delitos electorales.
En su alocución, calificó esta medida como una negación de justicia y criticó que las autoridades electorales se negaran a procesar impugnaciones y a realizar el conteo de más de un millón de sufragios.
Pese a sus fuertes cuestionamientos, la jefa de Estado fue enfática al rechazar cualquier intención de prolongar su mandato, declarando que no permanecerá ni un día más en la Presidencia. En cumplimiento de sus atribuciones, instruyó al ministro de Seguridad, Gustavo Sánchez, al ministro de Gobernación, Tomás Vaquero, y al director del Servicio Civil, Russell Garay, a organizar el traspaso de mando a lo que ella denominó un «gobierno de facto» declarado por los organismos electorales sin un escrutinio completo.
El traspaso de poder se realizará a favor de Nasry Asfura, líder del Partido Nacional, quien se convertirá en el duodécimo presidente de la era democrática hondureña. Actualmente, Asfura cumple una gira en Estados Unidos para establecer vínculos con organismos internacionales de financiamiento.
Con este anuncio, Honduras inicia una fase de transición marcada por la polarización política y la incertidumbre institucional tras los recientes comicios.
