Los mandatarios de Argentina y Rumania confirmaron su invitación a la sesión inaugural de la «Junta de Paz» de Donald Trump, programada para el 19 de febrero en Washington. Este organismo, inicialmente creado para supervisar la tregua en Gaza, ha expandido sus ambiciones hacia la resolución de conflictos globales, posicionándose como un competidor directo de las Naciones Unidas (ONU) al proponer enfoques que se aparten de instituciones consideradas «fallidas» por la actual administración estadounidense.
Mientras que líderes como Javier Milei (Argentina) y Viktor Orbán (Hungría) han aceptado integrarse a la iniciativa, potencias como Francia, Italia y Noruega han rechazado la convocatoria. El presidente rumano, Nicușor Dan, condicionó su asistencia a una posible revisión de la Carta Fundacional, reflejando la cautela de ciertos aliados ante la estructura del organismo. Por su parte, Milei confirmó su presencia en la sesión inaugural, aunque canceló su asistencia a la gala previa en Mar-a-Lago.
Un organismo bajo el control total de Trump
La «Junta de Paz» otorga a Donald Trump autoridad exclusiva y permanente, permitiéndole invitar miembros, modificar entidades y ejercer un control que solo cesaría por renuncia o incapacidad.
Este modelo de gobernanza ha desatado críticas de figuras como Lula da Silva y Emmanuel Macron, quienes abogan por fortalecer la ONU frente a lo que consideran un intento de Trump por erigirse en el director de una «nueva gobernanza mundial».
Además, la membresía permanente exige un polémico aporte de 1.000 millones de dólares, consolidando una estructura de poder vertical donde el mandatario estadounidense posee el voto decisivo y la facultad de revocar participaciones.
