El general Vladimir Padrino López calificó como el «más alto honor» su gestión de más de una década al frente del Ministerio de la Defensa, luego de que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, hiciera efectiva su destitución.
Padrino, quien fue el principal arquitecto de la lealtad militar hacia el depuesto Nicolás Maduro, permaneció menos de tres meses en el nuevo gabinete antes de ser relevado por el general en jefe Gustavo González López.
El fin de la era Padrino en la FANB
A sus 62 años, Padrino López representaba la última ficha de poder del madurismo dentro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), institución que moldeó bajo una doctrina ideologizada, socialista y ant-imperialista.
Su salida marca un punto de quiebre, especialmente ante la nueva relación que el gobierno de Rodríguez intenta cultivar con Estados Unidos, país que mantiene una recompensa de 15 millones de dólares por la captura del general.
La carrera de Padrino se catapultó en 2002, cuando el batallón bajo su mando en Caracas no se plegó al golpe de Estado contra Hugo Chávez. Desde aquel evento, obtuvo ascensos constantes hasta convertirse en el rostro de la unidad militar, evitando fracturas internas o levantamientos durante los momentos más críticos del gobierno anterior. Bajo su tutela, la FANB no solo controló las armas, sino también sectores estratégicos como la minería, el petróleo y la distribución de alimentos, áreas señaladas por constantes denuncias de corrupción.
Orígenes y formación revolucionaria
Hijo de un seguidor de la revolución soviética -de quien heredó el nombre de Vladimir en honor a Lenin-, Padrino ingresó a la Academia Militar por azar, donde tuvo como profesor a Hugo Chávez. Aunque no participó en el intento de golpe de 1992, tras conocer a Chávez reafirmó un germen revolucionario que definió su vida pública. Hoy deja el cargo tras una gestión iniciada en octubre de 2014, cerrando un ciclo de casi 30 años de influencia militar chavista en el poder.
